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La ciclodextrina disuelve el colesterol y podría evitar graves enfermedades

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Sabemos que el colesterol es una parte fundamental de las membranas de nuestras células. Además, es precursor de la vitamina D, una molécula de enorme importancia, entre otros aspectos, para la formación de hormonas como los estrógenos y la testosterona.

 

Sin embargo, también sabemos que existe una gran preocupación médica cuando la presencia del colesterol en sangre tiene relación con la aterosclerosis. Esta enfermedad cardiovascular provoca la deposición de grasas y colesterol en las paredes de las arterias y produce un gran número de problemas posteriores.

De hecho, la arterosclerosis y sus consecuencias representan una de las causas más frecuentes de muerte en los países industrializados, sobre todo, por ataques cardíacos y accidentes cerebro-vasculares.

Por ello, la mejora en los tratamientos frente a la aterosclerosis permitiría reducir la mortalidad en el número de pacientes que padecen esta enfermedad. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer.

Los investigadores siguen buscando formas que permitan mejorar la salud de estos pacientes, ya que muchos de ellos no pueden ser tratados con los tratamientos existentes hoy en día, debido a los efectos secundarios que experimentan.

Nuevos avances

Un grupo internacional de investigación, bajo la dirección del profesor Eike Lazt, ha probado la eficacia del oligosacárido denominado ciclodextrina para el tratamiento de la aterosclerosis. La idea de esto surgió al saber que la ciclodextrina es un compuesto que aumenta la solubilidad del colesterol.

En el presente estudio, publicado en Science Translational Medicine, ratones con aterosclerosis fueron tratados con ciclodextrina. Los resultados mostraron la existencia de una reducción en el tamaño de la placa aterosclerótica, así como en el número de cristales de colesterol presentes en sangre. También se comprobó que había cierta regresión de dicha placa, incluso cuando los ratones fueron alimentados con dietas ricas en colesterol.

Este es un enfoque terapéutico prometedor para el tratamiento de la aterosclerosis, pues la ciclodextrina es un fármaco aprobado actualmente para usar en humanos. Por tanto, podría ser aplicado con relativa facilidad en pacientes con este enfermedad. También podríamos hablar de una potencial  nueva terapia para la enfermedad cardiovascular.

Acumulación de colesterol

Demasiado colesterol en sangre puede provocar que, junto con el calcio y otras sustancias, se formen placas que hacen que las arterias sean menos flexibles, se estrechen y, en consecuencia, se reduzca el flujo sanguíneo por ellas. Esto hace que el nivel de oxígeno que llega al corazón, al cerebro u otras partes del cuerpo sea insuficiente.

Además, esta situación conlleva un mayor riesgo de sufrir arteriosclerosis o endurecimiento de las arterias, lo que puede bloquear, total o parcialmente, la circulación de la sangre.

¿Por qué se produce este acúmulo? No se sabe exactamente. La hipótesis más aceptada es que cuando realizamos algún tipo de actividad nociva (por ejemplo, fumar) se provocan lesiones en las paredes de las arterias. Esto hace que las plaquetas acudan de inmediato hacia la zona lesionada para intentar curar la lesión.

Este acúmulo forma una placa endurecida que, con el tiempo, puede ir aumentando de tamaño. Con ello se genera un estrechamiento paulatino de la circulación sanguínea en las arterias, pudiendo llegar a bloquearlo completamente. La placa también puede llegar a romperse y esto genera pequeños coágulos que igualmente obstruirían la arteria.

El secreto: disolver el colesterol

Una manera sencilla y directa de evitar los problemas generados por la presencia elevada de colesterol en sangre sería disolver los cristales de colesterol y eliminarlos por la orina. El problema es cómo hacer esto.

Los científicos sabían que existe un regulador del metabolismo del colesterol, clave en este proceso: el LXR. Si hay exceso de colesterol, este factor genera una señal para reducir el colesterol en sangre y reducir la respuesta inflamatoria. El problema es que nuestro cuerpo, a veces, no reacciona tan rápido o tan eficazmente como nos gustaría. Por ello, en ocasiones necesitamos ayuda externa.

Esta ayuda podría provenir, sin ninguna duda, de la ciclodextrina. De hecho, como hemos visto, en este trabajo se prueba la eficacia de la ciclodextrina para promover la solubilidad de los cristales del colesterol, la mejora de la actividad del LXR y la movilización del flujo de colesterol. Todo ello reduce la inflamación típica de la aterosclerosis y podría disminuir, a su vez, los efectos perjudiciales de la misma.

Ciclodextrina y macrófagos

Hemos dicho que la ciclodextrina solubiliza los cristales de colesterol, pero no sólo eso, sino que además provoca un segundo proceso muy beneficioso: mejorar la actividad de los macrófagos.

¿Qué implica esto? La mejora en la actividad de los macrófagos implica un incremento de la capacidad de estas células del sistema inmune para captar  moléculas perjudiciales. Es aquí precisamente donde ciclodextrinas y macrófagos colaboran para la eliminación del colesterol.

Las ciclodextrinas lo que hacen es reprogramar al sistema inmune del paciente y, por tanto, también a los macrófagos. Para ello logran que los macrófagos reduzcan la respuesta inflamatoria, siendo esta mucho menor. Algo semejante a lo que produce un antihistamínico cuando tenemos una reacción alérgica.

Pues bien, de esta forma, el macrófago puede absorber el exceso de colesterol y eliminarlo, al mismo tiempo que no se produce un incremento en la inflamación de las paredes arteriales y, por tanto, se reduce la probabilidad de formación de placa aterosclerótica.

Condicionantes futuros

Sin ninguna duda el trabajo de este grupo de investigación es interesante e ilusionante para muchas personas que padecen estas enfermedades. De hecho, Latz ha declarado para la revista ScienceNews que están a la espera de encontrar financiación y de tener un socio industrial para poder realizar los costosos ensayos clínicos en humanos y producir un fármaco.

El problema es que la ciclodextrina es un azúcar que ha sido aprobado por la FDA (Administración de Alimentos y Fármacos de EE.UU) para su utilización en humanos. ¿Por qué es esto un problema? Pues porque no puede ser patentado y, por tanto, las industrias farmacéuticas pierden interés en su elaboración a nivel industrial.

Fuente: Tendencias 21 / invdes.com.mx

 

Coma grasa, baje los carbohidratos y evite bocadillos para revertir la obesidad y la diabetes tipo 2

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Hasta ahora y desde hace mucho, asegurábamos que la clave del adelgazamiento era quemar más calorías de las que consumimos. Una simple operación de suma y resta denominada como la “hipótesis del equilibrio energético”, según la cual, todo sería tan sencillo como reducir el consumo de grasas y hacer ejercicio. Sin embargo, cada vez más voces se alzan contra esta tesis.

Según un informe publicado de manera conjunta por el National Obesity Forum (NOF) inglés y la Public Health Collaboration, ha provocado una avalancha de respuestas entre las agencias de salud y los medios de comunicación británicos.

El informe, llamado ‘Eat Fat, Cut the Carbs and Avoid Snacking to Reverse Obesity and Type 2 Diabetes‘ fue publicado recientemente y no solo asegura que las guías actuales para prevenir la obesidad que se basan en las dietas bajas en grasas y colesterol pueden tener “desastrosas consecuencias para la salud”, sino que también advierte que las instituciones de salud pública están determinadas por los intereses de la industria alimentaria, cuya influencia representa “una significativa amenaza para la salud pública”.

La promoción de la comida baja en grasas es el mayor error en la historia médica moderna, y ha tenido consecuencias devastadoras

En concordancia con científicos y divulgadores como Walter Willett del Departamento de Nutrición de la Escuela de Harvard de Salud Pública o Gary Taubes: básicamente “comer grasa no te pone gordo”, ya que una dieta alta en grasas saludables y, sobre todo, baja en carbohidratos (como los de la pasta o el arroz) es preferible a otra baja en grasas para perder peso y mantener una mejor salud cardiovascular.

Según dijo el presidente de NOF, el profesor David Haslam, “como clínico que ha tratado con pacientes todos los días, me di cuenta rápidamente de que las guías producidas desde arriba que sugieren que las dietas altas en carbohidratos y bajas en grasa eran la panacea están tremendamente equivocadas, el esfuerzo actual ha fracasado, la prueba es que los niveles de obesidad son más altos que nunca, y no hay ninguna muestra de que se vayan a reducir a pesar de los esfuerzos de los gobiernos y los científicos”.

El informe asegura que si padecemos enfermedades como diabetes de tipo 2 debemos eliminar cuanto antes de nuestra dieta todas las comidas etiquetadas como “bajas en grasas”, “light” o “bajas en colesterol”, porque muy probablemente contendrán grandes cantidades de carbohidratos.

Por su parte, el cardiólogo de la Public Health Associaction Aseem Malhotra ha asegurado que la promoción de estas comidas es “quizá el mayor error en la historia médica moderna, lo que ha provocado consecuencias devastadoras para la salud pública”. El médico califica de “bomba de relojería metabólica” a las recomendaciones de la guía Eatwell, utilizada en Reino Unido y muy similar a la del resto de países occidentales.

“No puedes quemar una mala dieta”, asegura la investigación, en referencia a la vieja creencia de que podemos cualquier cosa siempre y cuando hagamos el suficiente ejercicio físico: “La obesidad es un desorden hormonal que conduce a una división energética anormal que no puede ser arreglada únicamente incrementando el ejercicio”. En la misma línea se encuentra la recomendación de los autores de dejar de contar calorías, puesto que no son todas iguales y causan diferentes efectos en nuestro organismo. Por supuesto, nada de picotear entre horas: la frecuencia con la que consumimos alimentos tiene un papel crítico en la obesidad.

¿Qué debemos hacer?

Según el informe, retornar a las “comidas naturales” (“whole food”), es decir, la carne, el pescado, los lácteos o incluso comidas altas en grasas como el aguacate que permite combatir el colesterol gracias a su alto contenido en ácido oleico, el tipo de grasa más saludable. Nada de azúcares añadidos: el polémico informe recomienda reducir nuestro consumo de dicho componente a cero, ya que “no tiene ningún valor nutricional”, en palabras de los autores.

Un terremoto en la industria

Apenas han pasado unas horas desde la publicación del artículo y las respuestas se acumulan a decenas, especialmente en lo que concierne al consumo de grasas (“toma grasas para adelgazar” y “no tengas miedo a la grasa, es tu amiga” son dos frases que pueden leerse en el artículo). Por ejemplo, la doctora Alison Tedstone, nutricionista jefe del servicio de Salud Pública inglés, ha señalado que “pedir a la gente que coma más grasas, consuma menos carbohidratos e ignore las calorías es irresponsable” y recuerda que el informe tan solo se ha basado en 43 investigaciones, seleccionadas porque apoyaban su tesis.

La nutricionista recordaba los más que demostrados peligros de las grasas saturadas, que “incrementan el riesgo de una subida en el colesterol y un rápido camino a las enfermedades cardíacas o una posible muerte”. En una línea semejante se encuentra el Centre for Evidence Based Medicine, que un comunicado discutía punto por punto algunas de las aseveraciones del documento, señalando que “un informe de esta naturaleza, publicado por grupos de profesionales, tiene una responsabilidad particular a la hora de adoptar un acercamiento sistemático, riguroso y transparente si lo que pretende es ayudar y no entorpecer las mejoras en la dieta y reducir las enfermedades prevenibles”.

Otros expertos, no obstante, se han mostrado favorables al informe, o al menos, a parte de él. Por ejemplo, Iain Broom, de la Universidad Robert Gordon en Abedeen, que ha dicho a ‘The Guardian’ que “continuar con la política alimentaria de recomendar un consumo alto en carbohidratos, bajo en grasas y en calorías como ‘dieta saludable’ está fatalmente equivocado”, al mismo tiempo que añadía que “nuestra población ha estado sometida durante 40 años a un experimento global incontrolado que ha salido drásticamente fatal”.

La mayor parte de críticas coinciden en recordar que recomendar las “grasas”, en general, puede llevar a la confusión entre la población. Pero lo que también queda claro es que es un capítulo más en la inacabable guerra entre los partidarios de los carbohidratos y los de las grasas –por así decirlo–: una guerra que los últimos han ganado desde 1980, pero que pronto pueden perder. O, al menos, llegar a una tregua en la que el beneficiado sea el consumidor, ese que cada día sufre más problemas de salud (como diabetes o enfermedades cardíacas) y padece una obesidad para la que no parece haber solución.

Fuente: phcuk.org / http://medicinapreventiva.info/

 
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